La cocina y el contacto con lo sublime en días difíciles

por Maruja Dagnino

Cebolla, tocineta, un manojo de romero de mi pequeño huerto y 100 gramos de pastasciutta era lo único que quedaba en mi casa. Lo demás era, como dicen por ahí, agua y luz en la nevera.

Hacía un tiempo que el dinero no me visitaba regularmente. Con mi natural disposición a la cocina, y sobre todo a comer, con mi irrenunciable derecho al placer aun en los peores momentos, reflexioné unos momentos y me dije que tenía que resolver con lo que tenía. Así, corté la tocineta en cuadritos y comencé a tostarla en su propia grasa. Corté la cebolla en julianas, y cuando ya la tocineta estuvo lista retiré un poco de grasa y agregué la cebolla. Por uno de esos descuidos me olvidé de la cebolla, la única cebolla que tenía, y se quemó.

Con mucha tristeza apagué la estufa y me quedé allí reflexionando frente al desastre que había hecho, pero el olor de la cebolla quemada no me disgustaba en lo absoluto, y, debo confesarlo, con un poco de recelo la probé, y encontré que había adquirido una aspereza seductora, un sabor ligeramente terroso. Encendí la estufa de nuevo, agregué un toque de aceite de oliva y el manojillo de romero, lo dejé dos minutos más para que la hierba soltara sus aromas, y esta receta se convirtió en uno de los platos preferidos de mi casa. Incluso si tengo alguna visita inesperada a la hora de comer, ese plato va a mi mesa sin complejos, acompañado con una copa de vino blanco.

Cuando alguien me pregunta, muy genuinamente, si no me siento extraña hablando de cocina y placer en una época tan difícil para mi país, cuando hay gente que deambula por las calles con el estómago vacío, escarbando en la basura, pidiendo ayuda en las esquinas, recuerdo que en las peores guerras la gente bebe, ama, se divierte como puede. En momentos como los que vivimos mantener el contacto con lo sublime es un llamado de la vida. Regocijar el espíritu. Procurarse espacios de placer. Lo otro es un suicidio espiritual. En momentos como este, vale más cultivar la solidaridad, recuperar el concepto más puro de la caridad, cumplir con nuestros deberes ciudadanos, hacer lo correcto y celebrar con lo poco o mucho que tengamos.